De autopista a río. El despertar del Cheonggyecheon
Nos han repetido que el progreso avanza en una sola dirección, que el hormigón, una vez vertido, es destino. Sin embargo, algunas ciudades demuestran que el futuro no siempre se construye añadiendo, sino retirando. Seúl es uno de esos casos: lo que durante décadas se celebró como emblema de modernidad —una autopista elevada— terminó revelándose como una herida abierta en el territorio. Para sanar, hubo que deshacer.
1. DESHACER: Desmontar la modernidad que enferma
En 2003, Seúl tomó una decisión que entonces parecía impensable: demoler una autopista de 16 metros de ancho que cubría el río Cheonggyecheon. No se trataba de sustituirla por otra infraestructura, sino de eliminar la causa del deterioro. Este gesto encarna el Deshacer que defendemos: retirar lo que daña para permitir que la vida vuelva a aparecer. Al levantar el hormigón, desapareció un foco de contaminación acústica y atmosférica y se liberó un cauce que había sido tratado como alcantarilla durante medio siglo. Deshacer no fue retroceder, sino la única forma de avanzar hacia una ciudad más sana.
2. REHACER: Convertir la infraestructura en ecosistema
El proyecto no se limitó a descubrir el río. Rehabilitó 5,8 km de corredor ecológico, recuperó puentes históricos como el Gwanggyo y generó un parque de 400 hectáreas. Aquí el Rehacer se entiende como restauración de capacidades: la del río para gestionar inundaciones, la del territorio para regular su temperatura, la de la ciudad para reconectar lo que la autopista había separado. La temperatura del centro descendió hasta 5°C y la fractura norte‑sur se cosió tras décadas de aislamiento. Rehacer no fue añadir, sino devolver al territorio su resiliencia.
3. NO HACER: Reconocer el valor del suelo liberado
La ciudad renunció a absorber los 170.000 vehículos diarios que circulaban por ese tramo. No hubo túnel alternativo, ni ampliación de calles, ni compensación asfáltica. Ese No Hacer abrió la puerta a un cambio profundo: aumentó el uso del transporte público, mejoró la fluidez del tráfico en el resto del centro y permitió que la biodiversidad se multiplicara por ocho. Al no hacer espacio para coches, se hizo espacio para personas, para agua, para vida.